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837 comunidades energéticas: 837 campañas de barrio

España suma 837 comunidades energéticas. Para una instaladora eso no es un dato de sector: es una lista de proyectos que se atascan en la captación de vecinos.

Pieza redactada automáticamente a partir de la actualidad del sector. Las fuentes están enlazadas al final.

Energías Renovables publicó esta semana que España ya suma 837 comunidades energéticas. La cifra se leerá en muchos sitios como una buena noticia general sobre la energía ciudadana. Léela como lo que es para una instaladora: un censo de proyectos, cada uno con su cubierta, su radio de doscientos metros, su ayuntamiento y su lista de vecinos a medio convencer.

No es un mercado nuevo. Es un mercado que ya existe, que está repartido en 837 trozos pequeños y que casi ninguno de esos trozos tiene resuelto el problema que de verdad los frena.

El cuello de botella nunca fue técnico

Quien lleva años montando autoconsumo lo sabe: el proyecto compartido no se cae por la ingeniería. Se cae por la mitad de la captación. La instalación sale a números con ochenta hogares y llevas cuarenta y uno. El ayuntamiento cambia de interlocutor y el expediente vuelve a empezar. Un vecino con voz alta en la junta deshace tres meses de reuniones porque nadie supo contestarle en veinte segundos qué pasa si se muda.

Que haya 837 significa que hay 837 promotores —cooperativas, ayuntamientos, asociaciones, empresas— peleándose con exactamente eso. Y significa algo más incómodo: la parte que a ti te sobra, la técnica, se ha vuelto commodity. Lo escaso ya no es saber dimensionar. Lo escaso es saber llenar.

Faro de Vigo cuenta el caso de Romarigo, que ha completado la instalación de 200 paneles fotovoltaicos y apunta a entrar en funcionamiento el próximo mes de enero. Fíjate en la distancia entre los dos datos de esa frase. Los paneles ya están puestos. La entrada en funcionamiento es dentro de cinco meses. Ese hueco entre “instalado” y “funcionando” es donde viven las altas que faltan, las dudas sin resolver y las llamadas del promotor preguntando si esto va a salir. Es también, si a alguien le interesa mirarlo así, cinco meses de trabajo comercial que casi nadie está vendiendo.

Quién está pagando la infraestructura del sector

Dos noticias de la misma semana dicen de dónde vendrán los interlocutores de los próximos meses.

El Ayuntamiento de Madrid ha publicado material sobre herramientas clave en la creación de comunidades energéticas: es decir, la administración local está formando a los promotores en cómo montarlas. Y UNEF ha anunciado que Sevilla acogerá la III Cumbre nacional de Comunidades Energéticas. Añade que el IDAE reformará su sede en Madrid con una inversión de 7 millones, según energelia.com, y el cuadro se lee solo: hay dinero público, hay estructura institucional y hay calendario de sector alrededor de esta figura.

Para el dueño de una instaladora eso tiene una lectura práctica que no aparece en ninguna nota de prensa. Cuando un ayuntamiento forma a diez asociaciones de vecinos en cómo crear una comunidad energética, lo que está produciendo, tres meses después, son diez promotores con un proyecto en la cabeza, cero experiencia y una lista de preguntas. Esos diez van a buscar a alguien. Van a buscarlo por escrito, por la noche, tecleando cosas como “cómo se reparten los excedentes en una comunidad energética” o “qué pasa si un vecino se da de baja”. Quien tenga esa página escrita, con nombre y apellidos de la comarca, entra en la conversación. Quien no la tenga se enterará del proyecto cuando ya lo esté ejecutando otro.

Qué cambia esto en tu cartera

Lo primero, el tipo de venta. Una comunidad energética no es una instalación con más metros: es una venta a un colectivo, con un decisor que no manda del todo y un plazo largo. Si la sigues tratando como un presupuesto grande, la vas a perder por lentitud o la vas a ganar con un margen que no compensa la cantidad de reuniones.

Lo segundo, el momento de entrada. Casi todas las instaladoras aparecen cuando el promotor pide oferta, que es el peor momento posible: ahí ya sólo se compite por precio contra dos empresas más. El momento bueno es antes, cuando el promotor todavía está intentando entender qué es esto. La empresa que le resolvió esa duda gratis, en una página o en una reunión de vecinos, llega a la petición de oferta con una ventaja que ninguna rebaja iguala.

Lo tercero, y esto es lo que casi nadie mira: tu cartera actual ya contiene promotores. El cliente residencial al que le pusiste seis kilovatios el año pasado vive en un edificio. El industrial al que le hiciste la nave tiene una cubierta con excedente y vecinos alrededor. El presidente de comunidad al que le explicaste la compensación es exactamente el perfil que un ayuntamiento acaba llamando. No hace falta comprar tráfico para encontrarlos; hace falta escribirles.

Y lo cuarto, el idioma. Cada proyecto compartido se decide en una junta de vecinos, no en un despacho. Ahí no gana la propuesta mejor dimensionada, gana la que se entiende. Si tu documento de una página no lo entiende un jubilado que llegó desconfiando, no lo has escrito para quien decide.

Qué haría yo esta semana

Coge un mapa de tu zona de trabajo real, la que cubren tus cuadrillas sin dormir fuera. Localiza qué comunidades energéticas hay en marcha o anunciadas dentro de ese perímetro y quién las promueve: ayuntamiento, cooperativa, asociación. No son tantas y la información suele ser pública.

Luego escribe una sola página por proyecto: dirección, radio, coste por participación, ahorro estimado, plazas que quedan. Escrita para que la reenvíen por WhatsApp, no para que la admiren. Y prepara el folio que contesta las cuatro preguntas que siempre salen en la junta: qué pasa si me mudo, qué pasa si me doy de baja, qué es exactamente un excedente y cuándo empiezo a notarlo en la factura.

Eso son dos tardes de trabajo. La cumbre de Sevilla y los expedientes municipales van a seguir su curso con o sin ti; la diferencia está en si, cuando el promotor de tu comarca busque a alguien en octubre, encuentra tu página o la de la instaladora de la provincia de al lado.

Fuentes

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